Moverse bajo la lluvia, Manolo Laguna

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Hoy en nuestro banquillo de opinión contamos con el gran Manolo Laguna, director técnico de la federación española. Le propusimos escribir unas líneas sobre el balonmano de base y aquí está el artículo que nos envió:

Moverse bajo la lluvia.

No puedo evitar el mirar hacia atrás cuando la gente de “El Patio del Balonmano” me propone que escriba algo sobre Balonmano de base para su blog.

No sé muy bien si querían que les hiciese un artículo técnico explicando mis ideas sobre cómo se debe enfocar el trabajo con los niños que empiezan en nuestro deporte. Las etapas del proceso de iniciación, los métodos a emplear, los contenidos del trabajo, las formas de evaluación… en fin, todas esas cosas que me habéis escuchado mil veces y que siguen siendo mi pasión o, mejor dicho, nuestra pasión compartida.

Y no es que no quiera escribir de eso, de hecho me brindo a abordar cualquiera de esos temas, u otros de carácter técnico, en este mismo blog si a los que lo coordinan les parece oportuno.

Pero dejadme que esta vez no escriba el entrenador sino el “balonmanero” que llevo dentro, que es algo más genérico pero más enraizado en el interior.

Decía que no puedo evitar mirar hacia atrás desde la realidad actual de nuestro balonmano.

Para mí la realidad presenta dos caras, una incontestablemente positiva y otra que nos inquieta y nos hace temer por el futuro.

La positiva está avalada por datos objetivos y difícilmente rebatibles: en los últimos años nuestros Equipos Nacionales y de Clubes, tanto en categoría masculina como femenina, han conquistado medallas y puestos de honor en las competiciones internacionales de máximo nivel, cosa que hace 20 años ni siquiera nos atrevíamos a soñar. Aun en este año 2014 somos el único país que ha conseguido que los Equipos Nacionales Masculinos de las tres categorías – absoluta, júnior y juvenil – hayan estado en el podio de los respectivos Campeonatos de Europa.

Pero no seré yo el que utilice estos argumentos para cerrar los ojos a la evidencia de que la crisis ha disminuido la capacidad económica y competitiva de nuestras ligas de primer nivel y eso se traduce en una menor presencia en los medios, menos interés popular y un bajón claro de nuestra respuesta competitiva en el último año en las Competiciones Internacionales de Clubes, la respuesta de las Selecciones está menos dañada porque nuestras jugadoras y jugadores punteros siguen encuadrados en clubes de altísimo nivel… pero ahora muchos fuera de nuestro país. Este es el reverso de la moneda que nos vuelve desconfiados.

¿Y qué tiene que ver todo esto con el Balonmano de Base? Se estará preguntando más de uno.

Podría refugiarme en el tópico de que la imagen, en el mundo actual, es fundamental para atraer la atención de los niños hacia nuestro deporte.

Y esto, que es cierto y no debemos olvidar, lo vamos a dejar hoy en manos de los que entienden de verdad: los expertos en márketing. Todos nosotros, dirigidos por ellos, debemos trabajar para potenciar nuestra “visibilidad” en los medios y en las redes sociales. No “venderemos” nuestro producto si no lo presentamos y lo publicitamos de forma adecuada.

De hecho en todas las conversaciones que escucho sobre “lo mal que está nuestro balonmano”, sale a relucir esto. Todo el mundo parece reclamar grandes planes y campañas de promoción. Nos rasgamos las vestiduras ante nuestra decreciente presencia en la televisión y auguramos catástrofes ante la posible desaparición de Teledeporte…

… Vale, es importante hacer planes para llegar a la gente ¿Pero eso es todo?

Estoy convencido de que no. En realidad estamos empezando a padecer el síndrome de las “clases acomodadas”: Para ir a la fiesta reclamamos ropa nueva y elegante, si nos proponen bailar solo lo haremos con zapatos nuevos, o si no, no.

Hoy no quiero hablar de organización, ni exponer programas que presuntamente van a cambiar todo de raíz, por el mero hecho de escribirlos. Hoy quiero dirigirme a la gente que día a día trabaja en las pistas de los colegios y de los polideportivos.

Por eso pongo la vista atrás y reparo en las condiciones materiales y organizativas en las que se trabajaba en los años 80 y 90, los años donde se fueron forjando esos jugadores y jugadoras que luego se han traído para España Campeonatos del Mundo, Campeonatos de Europa y Medallas Olímpicas. Y recuerdo a los entrenadores que trabajaban con ellos. Podría citar a muchos individualmente, pero no lo hago por temor a que alguno se me olvide – ¡son tantos! – y les tengo tanto respeto y estima que prefiero dejarlos en grupo, sin que nadie quede apeado por mi torpeza.

Desde una desventaja clara en las posibilidades económica y materiales respecto a los países que entonces destacaban en el Balonmano, con una formación de base no muy académica en una parte importante de los miembros de este colectivo, y con la bendita inocencia que nos incita a abordar empresas que parecerían imposibles a cualquier persona informada, se pusieron a la noble tarea de soñar… y luchar por cumplir los sueños.

Estoy seguro que nadie soñó en un principio en ganar un Campeonato del Mundo – ¡estaban tan lejos los “buenos”! – solo querían mejorar, trataban de imitar a los equipos punteros para no desentonar y eso les llevaba a trabajar mañana tarde y noche.

Pero fueron arañando pedacitos a la utopía y cuando se dieron cuenta les tenían a tiro, empezaron a mirarles un poco más de tú a tú, y de ahí a ganar un día solo fue un paso. Luego se fueron dando más pasos y nuestro balonmano se hizo fiable, ganar ya no era una cosa excepcional, era parte de las posibilidades frecuentes.

El espíritu pionero, el ansia de conquista de un colectivo inocente e ilusionado obró el milagro.

Eran en ese momento gente poco interesada, que se movían en las dos dimensiones en que se debe mover la base: la extensión de la práctica y la búsqueda de talentos (por favor no caer en el error de: “extender la práctica para buscar talentos”, son dos cosas diferentes, aunque puedan tener puntos de relación).

Buscaban niños y niñas, hasta debajo de las piedras, para atraerlos a la práctica de nuestro deporte y también detectaban a los que tenían las cualidades necesarias para llegar a cotas de alto rendimiento y les orientaban en el trabajo para conseguirlo. No había excusas, el trabajo era innegociable.

No tengo muy claro lo que se hacía bien y lo que se hacía mal – seguro que había de todo – pero sí que sé que los aciertos y los errores nos pillaron con el chándal puesto y que no nos rendimos, ni dejamos que los deportistas que entrenaban con nosotros disminuyeran el trabajo, ni que decayera la ilusión por llegar arriba, por ser tan buenos como los mejores. Perdonar que en este último párrafo hable en primera persona y me incluya en ese grupo de entrenadores. Crecí a su lado y ahí quiero mantenerme, aunque mi contribución a las conquistas tal vez sea irrelevante.

De aquel trabajo con los niños de esa época, puede que un poco caótico, pero lleno de pasión y de osadía, salieron los deportistas que hoy nos representan y enorgullecen.

No había buenas infraestructuras materiales ni organizativas, muchos entrenamientos se hacían en pistas descubiertas y nuestros alevines apenas conocían otros balones que los míticos “Caplan” amarillos, de plástico. Los Campeonatos de España de Selecciones Territoriales se esbozaron en esos años, pero solo en categoría juvenil.

A nivel internacional a la mayoría de nuestros clubes juveniles o cadetes ni se les ocurría asistir a los múltiples torneos que ya se hacían en Europa y los Equipos Nacionales de jóvenes no conseguían acumular al cabo del año ni la quinta parte de los partidos que ahora disputan de forma habitual… pero el esfuerzo y la ilusión por crecer estaban intactos. Queríamos llegar a ser como los mejores y en eso nos afanábamos.

Manolo Laguna

No soy inocente y sé que el camino hacia la cumbre es motivante por sí mismo, la lucha de David contra Goliat se ha mitificado, pero no es frustrante: pase lo que pase David siempre queda bien, puede perder mil veces pero el día que gana acapara la gloria. Lo difícil de verdad es la lucha por mantenerse, eso sí tiene tintes agónicos. Ahí no se admite la derrota, cada fallo te lleva al deshonor.

Esa es la situación que nos toca gestionar ahora, ahora estamos en el papel de Goliat, percibimos a muchos Davides que nos amenazan… y corremos el peligro de que el miedo se nos note.

Os acabo de hablar elogiosamente de la gente que con su trabajo en los 80 y los 90 llevó el Balonmano Español a los puestos de honor, sin embargo estoy convencido de que la actual generación de entrenadores, los que ahora pueblan los patios de los colegios y los polideportivos, tienen de media bastante mejor formación que los que antes trabajábamos con los niños. Han tenido acceso fluido a una cantidad enorme de información y a materiales multimedia que en otra época nos hubieran parecido casi mágicos, y me consta que lo han aprovechado, basta hablar con ellos para darse cuenta que tienen una buena base conceptual.

Aunque la historia les ha puesto en un papel difícil, donde no vale cualquier pequeño triunfo, porque ya estamos acostumbrados a triunfos mayores y no nos conformamos con cualquier cosa.

Aquí es donde yo presiento el problema, en el cambio de enfoque. Y hablo de presentimientos porque son asuntos donde no se puede tener certeza, es más una cuestión de intuición, que además no se puede referir a personas concretas, sino a situaciones genéricas, con todas las excepciones individuales que queráis subrayar.

Para no divagar, creo que hay un cambio de actitud en el trabajo de base que lo resumo en dos puntos:

  • El cambio del “espíritu de conquista” reinante en el pasado por un planteamiento mental más relacionado con “el miedo a perder”, el temor a no dar la talla
  • Una sutil confusión en el manejo de los conceptos “calidad de entrenamiento” y “cantidad de entrenamiento” que, con la justificación de las “múltiples obligaciones que tienen los niños en la actualidad”, nos ha llevado a la consecuencia práctica de que se entrenan menos horas semanales de media ahora que hace 15 ó 20 años, sin haber adquirido la conciencia de la pérdida que esto implica. Parece que hemos olvidado que no hay calidad posible sin un gran volumen de trabajo

Esto, para mí, puede ser letal en el futuro competitivo de nuestro balonmano. Porque, además, tenemos la excusa perfecta: LA CRISIS.

La crisis nos libera de tener que ganar… porque de antemano tenemos una excusa para perder, una razón exterior a nosotros, algo que nos libera de culpa.

Nos quejamos de todo lo que nos rodea sin reparar en que, por mucha crisis que padezcamos, las condiciones de entrenamiento y de competición que en la actualidad tienen los niños son mucho mejores que las que tuvieron que afrontar todos esos que aun nos siguen trayendo medallas.

Muchos siguen buscando deportistas hasta debajo de las piedras, pero otros muchos solo esperan que “grandes planes” de no se sabe muy bien quién, les llenen sus escuelas de niños y niñas sin molestarse mucho en ir personalmente a convencerles.

Cuando me pides que escriba algo sobre la base, querido José Luis, seguro que, aparte de una opinión, esperas algún consejo. Me voy a limitar a recordaros que “La vida no es esperar a que pase la tormenta, sino aprender a moverse eficazmente bajo la lluvia”

Sé que está lloviendo mucho, pero para un entrenador de raza nunca hay excusa para la derrota. Puede haber razones, que habrá que enfrentar hasta conseguir subsanarlas y alcanzar lo que se pretende.

Está bien que reclamemos planes de promoción, campañas de imagen y todo lo me digáis, pero eso no va a cambiar significativamente lo que cada uno hace en la pista.

No nos preguntemos hasta qué punto ha llegado la situación, sino hasta que punto podemos llegar nosotros

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